Terapia con perros: qué es y cómo se llama de verdad
«Vosotras hacéis eso de los perros en los hospitales, ¿no? ¿Cómo se llama? ¿Terapia con perros?» Esta pregunta, con matices y variaciones, nos la hacen casi cada semana: en una feria, en la puerta de un colegio, en la cola de la panadería… Y la respuesta corta es que sí, ¡claro que se puede llamar así! La larga es un poco más interesante, y es la que te quiero contar hoy.
Porque detrás de ese nombre tan sencillo hay una forma de trabajo con sus objetivos, sus profesionales, sus límites y, por supuesto, un animal que también tiene algo que decir.
¿Qué es la terapia con perros?
La terapia con perros es una intervención en la que una persona profesional, con un perro preparado para ello, trabaja objetivos concretos con una persona o con un grupo: moverse mejor, comunicarse, gestionar la ansiedad, relacionarse con el resto de personas o, sencillamente, estar un poco mejor durante un rato difícil. El perro no es un adorno ni un premio al final de la sesión. Forma parte del método.
¿Y por qué funciona un perro? Porque abre puertas que a veces las palabras no abren. Un niño que no quiere hacer por décima vez un ejercicio de rehabilitación lo hace sin pensarlo si al final del pasillo le espera alguien con la correa puesta. Una señora que ya casi no habla en la residencia pregunta, sin que nadie se lo pida, «¿hoy no viene la perrita?»… Y ahí, en ese momento, ya hay trabajo hecho.

¿Por qué nosotras la llamamos IAA?
Aquí viene la parte que casi nadie cuenta. Entre profesionales no se dice «terapia con perros», se dice Intervenciones Asistidas con Animales, o IAA. No es por complicar las cosas, es porque no todo lo que se hace con un perro es terapia, y conviene no llamar terapia a lo que no lo es.
La referencia internacional que usamos, el libro blanco de IAHAIO, la asociación internacional que agrupa a las entidades del sector, distingue tres tipos de trabajo:
- Terapia Asistida con Animales (TAA). Tiene objetivos terapéuticos definidos, la dirige una persona profesional del ámbito sanitario o social (fisioterapia, logopedia, psicología, terapia ocupacional…) y se mide su evolución.
- Educación Asistida con Animales (EAA). Los objetivos son educativos: lectura, atención, habilidades sociales. La dirige una persona profesional de la educación.
- Actividades Asistidas con Animales (AAA). Visitas y actividades para mejorar el bienestar y el ánimo, sin objetivos terapéuticos cerrados. Son valiosísimas… pero no son terapia.
Las tres juntas son las IAA. Así que, cuando alguien te hable de «terapia con perros», la pregunta útil es: ¿qué objetivos se trabajan y quién los marca? Si nadie sabe responderte, probablemente sea una actividad, y está bien, siempre que no te la vendan como otra cosa.

¿Qué pasa de verdad en una sesión?
Te lo cuento con un ejemplo, porque así se entiende mejor que con cualquier definición.
En una unidad hospitalaria de daño cerebral, el equipo de fisioterapia quiere trabajar con una persona joven la extensión del brazo y el agarre. Podría hacerlo con una pelota de goma y un ejercicio repetido quince veces. O podría hacerlo cepillando a un perro que se tumba tranquilo a su lado, alcanzando el cepillo que se ha quedado un poco más lejos, sujetando la correa mientras caminan unos metros por el pasillo. El objetivo es el mismo. La motivación, no tiene nada que ver.
Una sesión bien hecha tiene siempre estas piezas:
- Objetivos concretos, marcados con el equipo del centro, no inventados el mismo día.
- Un equipo de intervención: la persona profesional y el perro, que se conocen y forman equipo.
- Un registro de lo que se hace y de lo que se observa, sesión a sesión, para poder ajustar el trabajo y demostrar si sirve.
- El bienestar del animal vigilado todo el tiempo, porque si el perro no está bien, la sesión no está bien.

¿Para quién es la terapia con perros?
¡Para mucha más gente de la que se piensa! Se trabaja con niñas y niños en hospitales, con alumnado con necesidades educativas especiales, con personas con parálisis cerebral o con daño cerebral adquirido, con personas mayores en residencias, con personas con deterioro cognitivo y con personas que atraviesan un momento de mucho sufrimiento emocional.
En la Fundación Sentido Animal, por ejemplo, llevamos el programa Yes We Can en la Unidad de Daño Cerebral del Hospital Universitario Niño Jesús, en Madrid, junto al equipo de fisioterapia, logopedia y terapia ocupacional del propio hospital. Puedes ver el resto de programas en los que participamos en nuestra página de Intervenciones Asistidas con Animales.
Sin embargo, no es para todo el mundo ni en todo momento. Hay personas con alergias, con miedo a los perros o que simplemente no quieren participar… y eso se respeta siempre. Nadie toca a un perro sin querer.
Y si mientras lees esto piensas que ojalá llegara a más hospitales y residencias… puedes ayudarnos a que así sea.

¿Qué dice la ciencia, sin humo?
Aquí me vas a permitir ser muy clara, porque en este sector se promete demasiado.
La evidencia científica respalda bastante bien que las intervenciones con perros son seguras y viables en entornos como hospitales o residencias, que reducen la ansiedad y el malestar durante la sesión y que aumentan la participación: la gente se implica más en lo que tiene que hacer.
En algunos ámbitos hay resultados especialmente prometedores. En España, por ejemplo, un estudio publicado en 2021 en la Revista de Terapia Ocupacional Galicia (TOG), con 92 personas con daño cerebral adquirido, encontró mejoras significativas en autonomía y en estado de ánimo tras cuatro meses de terapia ocupacional asistida con perros, frente al grupo que siguió solo el tratamiento habitual.
Lo que la evidencia no respalda, al menos por ahora, es que la terapia con perros cure nada, que sustituya a un tratamiento o que mejore la memoria en las personas con demencia: la revisión Cochrane sobre terapia asistida con animales en demencia, que es la referencia más exigente en salud, no encontró beneficios claros en ese terreno. Nos encantaría poder decirlo… pero no sería verdad. Y las familias ya han escuchado demasiadas promesas como para que les hagamos una más.
¿Y el perro, qué gana en todo esto?
Esta es la pregunta que más me gusta que me hagan, porque dice mucho de quien la hace.
Un perro de intervención no es una herramienta, es un compañero de trabajo. Y como tal, tiene sus límites. En la Fundación los animales que trabajan cumplen tres condiciones que no se negocian: cero agresividad, cero miedos y cero dolor. Además, tienen la carga de trabajo limitada, descansos obligatorios entre sesiones y seguimiento veterinario al día.
Y hay una norma que repetimos mucho: si el animal no está bien ese día, no hay sesión. Da igual lo que haya en la agenda. Porque una intervención que hace sufrir al perro deja de ser una intervención con animales para convertirse en otra cosa, y esa otra cosa no nos interesa.

¿Cualquiera puede hacer terapia con perros?
Te va a sorprender, pero en España, legalmente, sí. No existe un título oficial, ni un registro de profesionales, ni una norma técnica específica para las IAA. Incluso la ley de bienestar animal de 2023 (Ley 7/2023) deja expresamente fuera de su ámbito a los animales que participan en intervenciones asistidas. Tampoco hay que confundirlos con los perros de asistencia, como los perros guía, que sí tienen su propia regulación.
¿Qué significa eso para ti? Que te toca preguntar. Antes de contratar un programa, o de dejar entrar a un equipo en tu centro, pide respuesta a esto:
| Pregunta | Lo que deberías escuchar |
|---|---|
| ¿Qué objetivos vais a trabajar? | Objetivos concretos, acordados con el equipo del centro |
| ¿Quién dirige la sesión? | Una persona profesional con formación específica en IAA y en el ámbito de quien participa |
| ¿Qué seguro tenéis? | Responsabilidad civil que cubra expresamente la actividad con el animal |
| ¿Cómo está el perro? | Protocolo veterinario y de higiene, y límites de trabajo por escrito |
| ¿Cómo sabremos si funciona? | Un registro de cada sesión y un informe de resultados |
Si a alguna de estas preguntas te contestan con un «bueno, el perro es muy bueno, no hace nada»… desconfía un poquito.
Preguntas rápidas
¿Es lo mismo un perro de terapia que un perro de asistencia?
No. Un perro de asistencia, como un perro guía, vive con una persona y la ayuda en su día a día, y está regulado por ley. Un perro de terapia trabaja junto a una persona profesional, con muchas personas distintas y en sesiones concretas.
¿Sirve cualquier perro para hacer terapia?
No. Hace falta un perro con un temperamento muy equilibrado, sin miedos ni reactividad, sano y preparado para entornos exigentes. Y aun así, no todos los perros disfrutan con este trabajo, y eso hay que respetarlo.
¿Tiene que haber personal sanitario?
Si se trata de terapia, sí: los objetivos terapéuticos los marca y supervisa personal del ámbito sanitario o social. En educación, personal docente o educativo.
¿Cuánto dura una sesión?
Suele estar entre 30 y 60 minutos, según el grupo y los objetivos. Y el perro descansa antes y después.
¿Puedo pedir un programa para mi centro?
¡Claro! Conoce a nuestro equipo y escríbenos contándonos cómo es tu centro y con quién trabajas, y estudiamos juntas la mejor forma de hacerlo.
¿Y tú, lo conocías por su nombre?
Ahora ya sabes que «terapia con perros» y «Intervenciones Asistidas con Animales» hablan de lo mismo, aunque no exactamente. Y que detrás de cada sesión hay objetivos, profesionales, un registro… y un perro al que se cuida tanto como a las personas.
Si te ha gustado entender cómo trabajamos, hay una forma muy sencilla de hacer que llegue a más gente: ayudarnos a sostener los programas. Cada sesión que se hace en un hospital o en una residencia existe porque alguien decidió que merecía la pena.
Y cuéntanos, ¿habías oído hablar de las IAA antes de hoy?
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